logo

No te confundas

Fotografía de Marina Morris Uruchurtu

La individualidad quiebra cualquier trato por más trascendente que parezca. No sé si es la desconfianza que uno adopta al vivir en una gran ciudad con una variedad de individuos en donde te despides con un beso y abrazo de uno para que a tres pasos algún otro te reciba con un cuchillo filoso para amenazarte y quitarte tus pertenencias. La dicotomia en el trato humano de la vida cotidiana de un individuo en una gran ciudad es espeluznante.

“Querida, no te confundas”, una gran frase que aprendí hace tiempo y que trato de aplicar no solo en mis relaciones, sino en lo que pienso y siento. En este tiempo es muy complejo ser coherente: el tiempo, la edad, la conveniencia y la experiencia te hacen cambiar y tomar ciertas decisiones que en ciertos momentos de tu vida hubieran sido de terror… “¿casarme yo? ¡jamas!”, “¿vivir en un solo lugar?, ¡nunca!”, “¿dejar de trabajar por dinero?, ¡ni que estuviera loca!”; por mencionar algunas.

Mi fotografía cambia conmigo y no me refiero solo a las “selfies” donde las canas me evidencian, sino a mi trabajo como creadora constante de imágenes. Cuando empecé a hacer la colección de Postales Circulares y sus distintas series como Inside – Outside fue una grosería para algunos que gustaban de mis fotos tradicionales. Supongo que después de que los acostumbre a los pajaritos, desnudos y paisajes, la vista circular es desconcertante.

En la vida todo camina en circulos y aunque algunos creemos estar en el espiral que asciende es curioso como ciertas tendencias de pensamiento en la historia del arte son reiterativas a realidades vividas hace mucho tiempo; la discución para definir y explicar nuestra realidad con palabras nunca termina, sin embargo, la imagen sobre cualquier soporte solo se muestra de manera honesta para dejar claro que a pesar del avance tecnológico somos los mismos de siempre, tan humanos.

En los últimos días he escuchado a gente muy valiosa en el pensamiento de la imagen actual como Pedro Meyer, Claudi Carrera y Joan Fontcuberta que explican a las antiguas vistas como procesadoras de datos electrónicos traducidos en eso que seguimos llamando fotografía. Si bien es cierto que ya no estamos en la época de las imágenes sino de la comunicación (de datos), ¿es todavía valido acudir a las sensaciones para provocar una imagen?. De repente todo el entramado que conlleva la producción actualmente es tan extrañamente estremesedora para el individuo que solo espera el reconocimiento en “likes” de su labor cotidiana… o profesional. “Querida, no te confundas”.

 

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *