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¡Cuéntame de Florencia!

Foto de Marina Morris Uruchurtu

 En Florencia mucho mármol, mucho óleo, muchas bóvedas y paredes pintadas por los grandes maestros  de la escuela florentina: Piero del Pollaiolo, mucho Alessandro Filipepi (Botticelli), mucho  Giorgio Vasari (quién no es tan malo como me lo habían sugerido en la escuela), mucho Michelangelo Buonarroti (Miguel Ángel), Piero di Cosimo, Tiziano Vecellio, Bartolomeo Manfredi, Giambologna (Jean de Boulogne) quién hizo una de las piezas más representativas para mi en Florencia, llamada en español “El rapto de las Sabinas” la cual fotografié en mi primera visita hace unos veinte años.

Las visitas obligadas: la Galería de los Uffizi y la Academia, Santa María Novella, Santra Cruz, el Palazzo Vecchio y en general todos los castillos, capillas, museos y duomos levantados por la familia Medici la cuál, por cierto, está a punto de extinguirse en nuestra época con el último de esta dinastía llamado Lorenzo Medici.

 

Entre todo esto, ahí estaba yo exponiendo mis composiciones digitales a dos cuadras del Museo Uffizi. ¡En medio de la cuna de los grandes maestros y primeras escuelas de arte!. En la Galleria d´arte Mentana en pleno Florencia. La verdad, me sentí muy afortunada entre tanto esplendor. La vida del arte sigue, pero la perfección y la vocación de tan grandes artistas que prácticamente construyeron esta ciudad, se traduce en la incalculable sensación de exigencia que señala cada espacio y obra tanto en la técnica como en la misma vocación. Orgullosa sí, mucho, pero también con una inyección de compromiso para lo que tengo, lo que hago y lo que comparto.

Llegué a Roma donde aproveché para visitar los museos vaticanos llenos de riqueza y reliquias de una historia que sigue golpeando la conciencia para preguntarnos sobre nuestro real avance como sociedad, humanidad y espiritualidad. Piezas de granito de 1400 AC con todo tipo de figuras: gatos, leones, dioses, todo tipo de utencilios y alhajas; y D.C. bustos innumerables con medios rostros (generalmente sin nariz), cuerpos, muchos cuerpos, este halago a la perfección humana tan importante en la escuela florentina que se interpretaba en el buen aspecto y buena salud. Justo se resume en la famosa frase que usaban: “mente sana, cuerpo sano”.

Papas (todos), reyes, nobles, magnates, ricas familias enteras que se dejan ver en la obra de los grandes maestros que interpretan escenas biblicas con sus rostros. Todo impresionante, todo majestuoso, enorme, perfecto… y tan viejo.

 Aunque para viejos, Siena!! una pequeña ciudad feudal entre Roma y Florencia que te deja frío, textual. Construido de piedra sobre piedra con la misma majestuosidad pero en un mood más “minimalista”, un estilo más duro, grotesco pero muy cuidadoso y abundante también. Acá hay una tradición que fascina y atrae a miles: el Palio de Siena que es cuando los barrios compiten a caballo con un jinete que se da por sorteo. Esta carrera es un gran honor, aunque en lo personal no se me antoja. Prefiero la Piazza del Campo tranquila, con jóvenes sentados en el piso observando la majestuosidad del Palazzo Pubblico y su Torre de Mangia.

En el intercambio cultural es curioso en como encuentras similitudes de eventos que impactaron la cotidianeidad del mundo como las placas fuera de algunas casas que recuerdan a los judios arrestados y enviados a Auschwitz en los cuarentas, pasando por las corrientes artísticas contemporáneas que se expresan de la misma forma pero con otros nombres como el de Valeria Gramiccia, Giovanni Pizzo y Aldo Mengolini, hasta el extremo de una mezzo soprano mexicana cantando opera en las calles de una manera majestuosa engalanando tan hermoso lugar.

En fin, de exponer mi trabajo, de paseos nocturnos, de viajar al interior de Italia, de trabajar y jugar con la imagen, de “birra” y vino, de reir, de comer y caminar sin descansar… así me fue en Florencia.

 

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